Boda de Karla y Alex

Era uno de esos días de primavera que aún refresca por la mañana. La noche anterior me aseguré de tener todo mi equipo preparado, baterías y pilas cargadas, tarjetas de memorias, objetivos limpios, cámaras, flashes, accesorios, las mochilas, en fin, todo lo necesario para fotografiar una boda.

Fuimos primero a casa del novio, allí hicimos las primeras fotos, nos gustó mucho el amarillo intenso de la pajarita y los calcetines. La camisa blanca y el traje gris eran más clásicos.

La mañana ya estaba tibia cuando llegamos a casa de la novia y vimos que aún la estaban peinando, una trenza a modo de diadema adornaba el recogido. El vestido estaba en un maniquí, así que aproveché para hacerle algunas fotos. El bouquet y los zapatos eran amarillos así que hacían juego con la pajarita y los calcetines del novio. Acabado el maquillaje le hice algunas fotos a la novia con su peculiar bouquet.

La ceremonia del enlace civil fue en el Palacete de Can Buxeres,  que data de finales del siglo XIX, y que tomó su nombre de su fundador Lluis Buxeres i Abad. La finca pasó a propiedad del Ayuntamiento en el año 1968.

La ceremonia fue muy emotiva, Karla, la novia no pudo evitar las lágrimas mientras recorría el pasillo, del brazo de su padre, hacia el lugar donde la esperaba Álex, el novio.

Ambos son muy jóvenes, ella es una guapa chica ecuatoriana afincada en Barcelona desde niña, él un catalán nacido en Barcelona de padres andaluces, y es que el amor es así, no sabe de razas ni de orígenes ni de acentos ni de fronteras ni de pasaportes, por suerte el amor tiene su propio idioma, su propio código que sólo habla desde el corazón... y Fotografía Jan Aymerich tuvo el privilegio de ser los contadores de esta historia de amor a través de la mirada particular de nuestros objetivos.